El espíritu de la ópera
En las pinturas que ahora presenta Luchi Szerman, artista de dilatada y reconocida trayectoria nacional e internacional, el espíritu de la música,
con su intensidad perceptiva y afectiva se halla presente. ¿Es posible
poder pintar esa vivencia tan profunda e irrepresentable?
Muchos grandes artistas lo intentaron. Así Wassily Kandinsky o su amigo
Arnold Schoenberg, que unía a sus composiciones musicales su condición de pintor.
En las pinturas de Luchi Szerman está presente la ópera, con su rico mundo
de imágenes visuales y sonoras. Esto la lleva a desarrollar su imaginación, tanto sea para aludir a algunas partituras operísticas como para situarse en
los ámbitos de algunos grandes teatros de Ópera.
En todos los casos, el tratamiento expresivo es estrictamente plástico, sin
utilizar recursos literarios o anecdóticos. Esta artista ya había expuesto en l996 una serie de pinturas dedicadas a homenajear al Teatro Colón, y ahora aquilata su amor por la ópera en esta nueva serie. Dos aspectos fundamentales caracterizan a estas pinturas. Por una parte, un tratamiento cromático vibrante, en el que el color rojo domina, con matices estallantes y gradaciones de luces y sombras, pero donde no faltan los dorados de las majestuosas arquitecturas operísticas. Tampoco deja de lado los cielos rasos decorados, reproduciendo con ellos el cuadro dentro del cuadro. Por otra parte, llama la atención la estructura compositiva de cada pintura, con una perspectiva audaz, en diferentes planos y una línea dinámica que establece contraposiciones y asimetrías que se refieren tanto a los ritmos de la música como al marco teatral en que ella se magnifica.
En estas recreaciones imaginativas, con su carga de elementos simbólicos la artista utiliza la vivencia operística como un ícono que afianza en la expresión barroca su condición mítica.

Fermín Fèvre - Buenos Aires, setiembre de 2004
VER TEXTO DE LUCHI SZERMAN